Elementos judíos y elementos griegos en el cristianismo primitivo
En el libro "El judaísmo y el cristianismo antiguo de Antíoco Epífanes a Constantino", (Editorial Labor, Barcelona, 1972), escrito por Marcel Simon (profesor de la facultad de Letras y Ciencias humanas de Estrasburgo) y André Benoit (profesor de la Facultad de Teología protestante de Estrasbusrgo), se explica:
"... ciertos protestantes liberales (Harnack), que pensaban encontrar en un cristianismo sin dogmas la pureza y la simplicidad del mensaje evangélico primitivo, consideraban como una desviación todo el sistema doctrinal de la Iglesia antigua, e incluso todo lo que en el Nuevo Testamento les parecía que llevaba señales de la especulación filosófica griega. En esta perspectiva, el Sermón de la montaña, con todo su contenido ético, se oponía al Credo de Nicea, cargado de metafísica: "El primero pertenecía a un mundo de campesinos sirios; el otro, al un mundo de filósofos griegos." (Páginas 169-170).

Aparte de ciertas prolongaciones que ofrecen interés en Occidente (Pastor de Hermas), se localizó sobre todo en Oriente, en las fronteras del Imperio. Recientemente se ha propuesto el empleo del término siriopalestino para designar esta rama original, importante y con frecuencia desconocida, de la Iglesia antigua, de lengua aramea o siria, pero que también posee una rama de lengua griega, especialmente en la región de Antioquía...
La existencia de la Gran Iglesia en un sector como éste (muy olvidado por la investigación) parece explicarse por una misión procedente de Palestina que llegó en una fecha lejana, vecina a la era apostólica, y que predicó un mensaje claramente semítico, como semíticas eran también sus categorías mentales, muy parecidas a las de la comunidad primitiva; y también contribuiría a explicarlo un contacto estrecho y persistente con importantes grupos judíos (y a veces judeocristianos, en el sentido tradicional del término), frente a los cuales se mantendría una cierta distancia, pero de los que se adoptó con la mayor naturalidad el espíritu y las categorías de pensamiento, definiéndose por criterios que tomaría de ellos sometiéndolos a una cierta adaptación. Este sector lleva la marca del judaísmo rabínico y de sectas de tipo esenio, especialmente en el ascetismo estricto que caracterizaba algunas de sus manifestaciones." (Páginas 201-202)
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