1º ESO

lunes, 5 de diciembre de 2022

2.2. 3º ESO Bloque 2: Historia de la Salvación

Periodo de los jueces

(por Rav Ken Spiro, tomado de Aishlatino.com)

El Talmud llama al Libro de los Jueces “El Libro de la Rectitud”.¿Por qué?



Porque el objetivo supremo de cada judío es usar su libre albedrío para diferenciar entre lo que está mal y lo que es correcto, utilizando la Torá como guía. Y esto es lo que ocurrió en el período de los Jueces.
En aquellos días, no había rey en Israel, todos hacían lo que era correcto a sus ojos (Jueces 21:25).


Tal vez estés pensando que este versículo suena como la descripción de una anarquía. Pero no era así; la gran mayoría de los judíos estaban totalmente dedicados a la Torá y tomaban decisiones de forma acertada sin necesitar que alguien les dijera qué hacer. Con seguridad, ésta es la situación ideal. Las tribus operaban como una unión de estados independientes, con un fuerte liderazgo central que se erguía sólo cuando la nación era amenazada por un enemigo externo.

Por supuesto, la falta de una autoridad central luego de la muerte de Josué tuvo consecuencias negativas; una pequeña minoría tomó esto como una licencia para caer en la idolatría y en la inmoralidad. Esto ocurrió en gran parte porque los judíos no se deshicieron completamente de los canaanitas como se les había ordenado, y la influencia canaanita pagana se hizo sentir.



Siempre que los judíos abandonan a Dios, las repercusiones son inmediatas:



Y dejaron al Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y fueron tras otros dioses… Por eso se encendió la ira de Hashem contra Israel, y los entregó en manos de saqueadores que los despojaron y en manos de sus enemigos (Jueces 2:12-14).

Éste es uno de los patrones más importantes y repetitivos que tenemos que entender sobre cómo funciona la historia judía. Cuando los judíos no cumplen su pacto con Dios, ocurren cosas malas – por lo general, viene un enemigo y los ataca.


El pacto con Dios no sólo abarca el comportamiento del hombre hacia Dios, sino que incluye también las obligaciones del hombre con su prójimo. Y ambas cosas son necesarias.

Escuchar la Advertencia

Dios dice una y otra vez – cuiden la Torá en su totalidad y nada los molestará. Vivirán en paz en su tierra y prosperarán, y no sólo eso, sino que también el mundo entero aprenderá de ustedes y serán una luz para las naciones.

Pero si no la respetan, no saldrá un gran puño del cielo para golpearlos, porque Dios no actúa así en la historia; sino que lo que ocurrirá en cambio será que aparecerá un enemigo físico, o una hambruna golpeará la tierra, y todos sufrirán. Esos eventos negativos siempre sirvieron como una llamada de atención, y si eran ignorados sólo se intensificaban hasta alcanzar un nivel que los hacía imposibles de ignorar.

Desde el Monte Sinaí en adelante, el pueblo judío siempre estuvo consciente de su pacto con Dios, de las responsabilidades que éste conllevaba y de las consecuencias de su incumplimiento. A causa de esta consciencia, cuando calamidades caían sobre el pueblo judío, siempre eran vistas como síntomas de problemas más profundos en su relación entre ellos mismos y/o con Dios.

Cuando les ocurren cosas malas a los judíos nunca es por casualidad. Siempre es consecuencia de las acciones de los judíos y, por lo tanto, la cura nunca está en tratar solamente la amenaza externa. Si un enemigo ataca hay que defenderse, pero también hay que hacer introspección; la presencia de un enemigo es sólo un síntoma de un problema más profundo que debe ser tratado. Esta relación de causa y efecto se repite una y otra vez durante el período de los Jueces, y continúa por toda la historia judía hasta hoy en día.

Podemos ver esto en el período de los Jueces, que se extiende desde el año 1244 AEC hasta el 879 AEC.

Entonces Hashem irguió jueces que los salvaban (a los israelitas) de las manos de sus saqueadores (Jueces 2:16).

¿Quiénes eran los jueces?


Los jueces eran los líderes del pueblo judío que vivieron durante ese tiempo, quienes unían al pueblo, los hacían arrepentirse y enfrentaban tanto los problemas espirituales de la nación como las amenazas físicas.

A veces eran líderes militares que sabían cómo movilizar a la nación para la guerra en contra de un enemigo, pero su poder real yacía en su conocimiento de Torá y su habilidad para aplicar la ley judía.

El relato de todo este período aparece el en Libro de los Jueces, escrito por la última gran personalidad del período de los Jueces: el profeta Samuel. Éste período abarca 365 años, desde el primer juez, Otniel ben Kenaz, hasta el último, el profeta Samuel.



Durante este período hubo diecisiete jueces diferentes. Algunos condujeron al pueblo judío por décadas, mientras que otros lo hicieron sólo por algunos años. El Libro de los Jueces detalla muy bien a algunos de ellos (Ehud, Déborah, y Samuel), pero de otros da sólo una mención breve (Ibzan, Elón, Avdón). Todos fueron grandes líderes, pero algunos fueron más grandes que otros. La tradición nos cuenta que el nivel del juez dependía del nivel colectivo del pueblo judío; cada generación tenía el líder que se merecía. Resaltaremos a algunos de los jueces descritos en la Biblia:


Déborah

Uno de los primeros jueces fue una mujer – Déborah (ver Jueces, capítulos 4 y 5). Ella fue famosa por sentarse bajo una palmera donde cualquiera podía buscar su consejo y desde donde emitía las órdenes de batalla.

Barak, el mayor guerrero de esa época, se negaba a ir a la batalla sin ella. Juntos dirigían a las tropas en contra del ejército canaanita que era mucho más grande y que estaba apoyado por 900 carrozas de hierro, mientras que Israel no contaba con ninguna.

El Libro de los Jueces describe una batalla clave contra los canaanitas, quienes eran conducidos por Sisera.

En la víspera de la batalla, Barak dudaba si los guerreros israelíes podrían pelear frente a este oponente tan fuerte, pero Déborah se mantuvo firme. Una tormenta inesperada se desató en el cielo y el aguacero resultante convirtió el terreno en barro; el hierro de los carros quedó atascado y los canaanitas entraron en pánico.

De esa forma, se cumplió la profecía de Déborah, que decía que “éste es el día en que Dios entregará a Sisera en vuestras manos…”.



Sansón

Sansón fue un juez famoso por su fuerza de superhéroe y por conducir la pelea contra el mayor enemigo de Israel: los filisteos (ver Jueces, capítulos 13-16).

Los filisteos fueron un pueblo marinero. Probablemente migraron del área Egea, cerca de Grecia, hace unos 3.200 años. Se asentaron en la costa oriental del Mediterráneo, desde la costa sur de Israel hasta el Líbano. En el área costera sur de Israel establecieron una confederación de cinco ciudades-estado (Gaza, Ashkelon, Ashdod, Gat y Ekron). Durante el período de los jueces ellos estaban en guerra constante contra las tribus de Israel, ya que intentaban constantemente alejarlos de la costa, hacia las regiones montañosas e internas del país.

Las excavaciones muestran que los filisteos – a pesar de que la palabra “filisteo” en español tiene un significado peyorativo – eran culturalmente muy sofisticados. Habían perfeccionado herramientas y armas de hierro, obteniendo una importante ventaja tecnológica sobre sus vecinos.

Samsón, que juzgó a Israel por 20 años, fue uno de los que se enfrentó a los filisteos. Él era un nazir (que es un votoa Dios en el que la persona se abstiene temporalmente de cortarse el pelo y de beber vino). El nivel de consagración de Samsón era inusual, ya que él era nazir desde su nacimiento y continuó en dicho estado durante toda su vida.

Para debilitar a los filisteos, fingió unirse a ellos, tomando deliberadamente a una mujer filistea como esposa. Ella fue asesinada por su propio pueblo, luego de lo cual Samsón se casó con otra mujer filistea – Dalila. Esto resultó ser un error, ya que Samsón se encariñó mucho con ella.




Dalila se dio cuenta de que Samsón era la principal amenaza para su pueblo. Después de muchos intentos fallidos y muchas súplicas, ella finalmente logró que Samsón le revelase el secreto de su fuerza sobrenatural, luego de lo cual le cortó el pelo mientras dormía. Como resultado, los filisteos pudieron capturarlo, cegarlo y encerrarlo en prisión.

Pero ellos olvidaron que el cabello vuelve a crecer. Por lo que cuando volvió a tener el cabello largo, su fuerza sobrenatural regresó.

Los filisteos decidieron ejecutar a Samsaón en una exhibición pública en el templo de Dagán, uno de sus dioses.

Cuando las masas se unieron para ver la ejecución, un ciego Samsón le pidió a un niño esclavo que lo pusiese al lado de una de las columnas que sostenían el templo.

En el clímax de la historia, Samsón oró:

“¡Dios mío! Recuérdame y dame fuerza sólo esta vez, Oh Dios, y yo me vengaré de los filisteos por uno de mis ojos”. Samsón tomó los dos pilares centrales sobre los que se sostenía el edificio y se apoyó en ellos; en uno con su mano derecha y en el otro con la izquierda, y dijo: “¡Deja que mi alma muera con los filisteos!” (Jueces 16:28-30).

Con su fuerza sobrenatural renovada derribó las columnas, con lo que la construcción colapsó, matando a todos los que estaban adentro.

Él murió, y la Biblia dice que mató a más enemigos filisteos en ese momento que en todo el resto de su vida.



Shmuel (Samuel)

La última gran personalidad del período de los jueces fue el profeta Samuel, uno de los profetas más importantes de la historia judía y que también fue conocido por ungir a los dos primeros reyes de Israel – Saúl y David (ver Samuel 1, capítulos 1-16). Samuel escribió el Libro de los Jueces, y junto con los profetas Gad y Natán escribió también el ‘Libro de Samuel’.

En el tiempo en que apareció Samuel, el pueblo judío había pasado cerca de 400 años sin un liderazgo central. Tenían que vivir con un alto nivel de responsabilidad individual, ya que de otra manera Dios les haría saber que se habían desviado por medio de los canaanitas, los filisteos o los midianitas. 

Cuando Samuel era joven, viajaba por la tierra dictando la ley judía y dando consejos al pueblo, pero ahora que había envejecido, ya no lo podía hacer. Mientras tanto sus dos hijos, que habían asumido su rol, probaron no ser queridos por el pueblo.

Entonces fue enviada una delegación para pedirle a Samuel que ungiese a un rey en su lugar:

Y le dijeron (el pueblo a Samuel): "He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues. Pon sobre nosotros un rey que nos juzgue, como todas las naciones. Y esta palabra pareció mal frente a los ojos de Samuel… (Samuel 1, 8:5-7).

Samuel no lo quería hacer, pero Dios le dio el visto bueno y encontró un rey para el pueblo.
Y así es como se cerró el período de los Jueces. Samuel actuó como líder por 13 años y en los dos últimos dirigió al pueblo judío junto con el primer rey judío, cuyo nombre era Saúl.




































Resumen (otro punto de vista sobre el libro de Jueces)



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