1º ESO

martes, 6 de noviembre de 2018

Casiodoro de Reina

Contexto histórico


Según la publicación del CSIC "La Biblia, historia de sus textos" (noviembre de 2014);

"Desde 1559 - fecha de la publicación del índice de libros prohibidos del inquisidor general Fernando de Valdés - hasta 1783 estuvieron prohibidas las traducciones de la Biblia a las lenguas vulgares." 

Este dato sitúa a Casiodoro de Reina, en una posición similar a la de Pedro ante el Concilio: "es necesario obedecer a Dios, antes que a los hombres". Cuando traducir al Biblia al español era prohibido, este hombre se jugó la vida para que todos los hispano hablantes pudieran tener la Palabra de Dios, en su propia lengua. 

Según los datos de la Inquisición, Casiodoro nació en Montemolín, población a 40 kilómetros de Reina (Badajoz), en 1520. Otras fuentes sitúan su nacimiento en algún lugar de Sevilla. Vivió como fraile en el monasterio de San Isidoro (Santiponce, Sevilla) hasta que la Inquisición representó un peligro mortal para su vida en 1557. Entonces huyó a Ginebra, Fráncfort y Londres, donde predicó a los numerosos refugiados españoles que vivían allí. En Fráncfort, ciudad natal de su esposa, terminó su traducción de la Biblia al español. La impresión del Antiguo Testamento comenzó en 1568 y la Biblia completa  fue impresa en septiembre de 1569 (algunos fechan la publicación el 28 de septiembre de 1565).


Al leer sobre Casiodoro de Reina, me surgían preguntas sobre su manera de pensar, y encontré respuestas en el texto que escribió Casiodoro en la introducción de la “Biblia del oso”. He adaptado el texto del castellano antiguo, (donde escribían "f" en lugar de "s", por ejemplo), porque leer al propio Casiodoro nos permite descubrir entre líneas el ambiente de su tiempo, sus motivaciones y batallas, su corazón. Recomiendo el texto íntegro porque está lleno de frases reveladoras.


Amonestación del intérprete de los santos libros[1]

Al Lector y a toda la Iglesia del Señor…


“Intolerable cosa es a Satanás *[2]padre de mentira y autor de tinieblas (Cristiano lector) que la verdad de Dios y su luz se manifieste en el mundo: porque por este solo camino es desecho su engaño, se desvanecen sus tinieblas, y se descubre toda vanidad sobre la que su reino es fundado, de donde luego está cierta su ruina: y los míseros hombres que tiene ligados en muerte con prisiones de ignorancia, enseñados que con la divina luz salen de su prisión a vida eterna, y a libertad de hijos de Dios. De aquí viene, que aunque por la condición de su maldito ingenio aborrezca y persiga todo medio encaminado a la salvación de los hombres, con singulares diligencias y fuerza ha resistido siempre, y no cesa, ni cesará de resistir (hasta que Dios lo frene del todo) a los libros de la Santa Escritura: porque sabe muy bien por la larga experiencia de sus pérdidas, cuan poderoso instrumento es este para deshacer sus tinieblas en el mundo, y echarlo de su vieja posesión. 


Largo discurso sería menester hacer para recitar ahora las persecuciones que ha levantado en otros tiempos, y los cargos infames que le ha hecho, por los cuales no pocas veces ha alcanzado casi a desarraigarlos del mundo: y lo hubiera alcanzado sin duda, si la luz que en ellos está encerrada, no tuviese su origen y fuente más alta que este Sol, y que no consistiese en hojas los libros, como todas las demás disciplinas humanas: de donde viene que pereciendo los libros que están guardados, o por la condición de los tiempos, o por otros mundanos casos, ellas también perezcan: y si alguna restauración tienen después, es en cuanto se hallan algunas reliquias, que ayudan al ingenio humano a resucitarlas. Mas porque la fuente de esta divina luz es el mismo Dios, y su intención es propagarla en este abismo de tinieblas, de aquí es, que aunque muchas veces por cierto consejo suyo permita a Satanás la potestad sobre los sagrados libros, y aunque él los queme todos, y aun también mate a todos los que ya participaron de aquella celestial sabiduría, nos queda la fuente sana y salva, (como no puede tocar en ella) la misma luz al fin vuelve a ser restaurada con gran victoria, y él queda frustrado y avergonzado de sus diligencias. Por ser pues este su pertinaz ingenio contra la divina palabra, estamos ciertos que no lo dejará de seguir en esta obra preferente, y que cuando ella es más necesaria a la Iglesia del Señor, tanto más él se desvelará en despertar contra ella toda suerte de enemigos, extraños y domésticos: los de lejos y los de cerca. Los de lejos, hace días que están despiertos para impedir toda versión vulgar de la Santa Escritura, a título de que los sagrados misterios no han de ser comunicados al vulgo, y que es ocasión de errores etc. De cerca, no le faltan otros supuestos, que con títulos algo más sutiles y aparentes se levantan contra ella, aunque por ventura a los unos y a los otros no falte buena intención, y celo, como muchas veces acontece, que buenas intenciones por falta de mejor entrenamiento pensando servir a Dios sirven al demonio y a sus intentos.

Sobre los primeros, no nos determinamos por ahora a tratar la cuestión, si es conveniente o no que la ley de Dios, y todo el cuerpo de su palabra, ande de manera que pueda ser entendida de todos, remitiéndonos a muchos otros que antes de nosotros la han tratado copiosa y acertadamente, bastará por ahora amonestarles con toda caridad y humildad, que si son Cristianos, y tiene verdadero celo de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres, como quieren que se entienda de ellos, miren lo primero, que de lo uno y lo otro la Palabra de Dios contenida en los sacros libros es el verdadero y legítimo instrumento, y que por tal lo ha comunicado Dios al mundo para ser por él conocido y honrado de todos, y que por esta vía hallen salvación: y esto sin excepción de esta universalidad ni doctos ni indoctos, ni de esta lengua ni la otra. De donde es menester que concluyan, Que prohibir la divina Escritura en lengua vulgar no se puede hacer sin singular injuria a Dios, e igual daño de la salvación de los hombres, lo cual es pura obra de Satanás y de los que él tiene a su mandato.
Miren lo segundo, que hacen gran vergüenza a la misma Palabra de Dios es decir, que los misterios, que contiene no se hayan de comunicar al vulgo. Porque las supersticiones e idolatrías todas con que el diablo ha sometido al mundo  y apartándolo del conocimiento y culto de su verdadero Dios, trajeron siempre este pretexto de falsa reverencia. Y tenía razón el inventor de ellas en efecto: porque si quería que sus abominaciones permaneciesen algo en el mundo, menester era que el vulgo no las entendiesen, sino solo aquellos a quien eran provechosas para sustentar sus vientres y gloria. Los misterios de la verdadera Religión son al contrario: quieren ser vistos y entendidos de todos, porque son luz y verdad: y porque siendo ordenados para la salvación de todos, el primer grado para alcanzarla necesariamente es conocerlos.

Consideren lo tercero,  que no le hacen menor afrenta en decir que sea ocasión de errores. Porque la Luz y Verdad (si confiesan que la palabra de Dios lo es) a nadie puede engañar ni entenebrecer. Y si algunas veces lo hace (como no negamos que lo haga, y muchas) de alguna otra parte debe venir el mal: no de su ingenio y naturaleza, que es quitar las tinieblas, descubrir el error, y deshacer el engaño. El Profeta Isaías claramente dice, *[3]Que su profecía no es para dar luz a todos, sino para cegar los ojos del Pueblo, agravar sus oídos, y embotar su corazón, para que no vean ni oigan la palabra de Dios, y se conviertan y reciban sanidad: quien por evitar estos males mandará entonces al Profeta que calle, y le cerrará la boca, para ver que haga las cosas conforme a la voluntad de Dios, y al bien de su Iglesia: mayormente diciendo el mismo otras muchas veces, *[4]Que su profecía es luz para los ciegos, consuelo para los afligidos, esfuerzo para los cansados, etc. ¿Y qué habla Isaías? El mismo Señor dice, *[5]Que el vino al mundo para juicio, para que los que no ven vean, y los que ven sean ciegos: le manda luego a los padres de la fe de entonces que callase, por evitar el daño de los que de su predicación oían para salir más ciegos. De él dice Simeón, *[6]Que viene para levantamiento, y también para ruina de muchos. Lo mismo había dicho de él el Profeta Isaías. *[7]Por lazo (dice) y por ruina a las dos casas de Israel, y de ellos tropezarán muchos etc. Lo mismo dice el Apóstol de la predicación del Evangelio, *[8]Que a unos es olor vital, a otros, olor mortal. Sería luego buena prudencia quitarlo del mundo, quitando a los buenos el único medio por donde se han de salvar, por quitar la ocasión de hacerse peores a los que se pierden, y de suyo están ya señalados para perdición.

Miren lo cuarto, Que el estudio de la divina Palabra es cosa encomendada y mandada por Dios a todos por tantos y tan claros testimonios del Viejo y Nuevo Testamento, que fin muy largo discurso no se podría aquí recitar: de donde queda claro, Que no puede ser sin impiedad inexcusable, que el mandamiento de Dios, tantas veces repetido, y tan necesario a los hombres, sea dejado y anulado por una tan flaca razón: y que al fin ningún pretexto, por  raro que parezca, puede excusar a Dios, que si Dios la dio para todos, no sea una tiranía execrable que a los más la quiten: y falta de juicio es (si pretenden buena interpretación) que la habilidad para poder gozar de ella, sea saber latín solamente, como si los que no lo saben, por el mismo caso sean ya los más prudentes y píos: y los que no lo saben, los más expuestos a los peligros,  que dicen, que temen. Si es la verdadera sabiduría, ¿quien la necesita más que los más ignorantes? Si es palabra de Dios, insigne injusticia se hace a Dios, a ella, y a los buenos, que por el abuso de los malos se le quite su libertad de correr por las manos de los que podrían usar bien de ella, y sacar los frutos para los cuales Dios la dio. Perverso juicio es que por quitar el inconveniente de los errores, que dicen, en algunos, priven a todos del medio con que podrían salir de la ignorancia, errores, herejías, idolatría, pecado, y toda corrupción e iniquidad en que nacimos, y fuimos criados, y de que nuestra corrupta naturaleza se abreva (como dice Job) como los peces del agua. Si es Luz, a la luz resiste todo hombre que le impide salir en público para que luz y alegría de todos: y tinieblas se debe llamar y mentira. Si es candela, a cuya lumbre el hombre ciego y habitante de esta caverna tenebrosa encamine seguramente sus pasos, visto es pretender de tener los hombres en su ceguera, el que no quiere que les sea comunicada con aquella abundancia con que ella se da. Si es escudo a todos los que en ella ponen su esperanza, y cuchillo con que el Apóstol arma al Cristiano para defenderse de sus enemigos en toda suerte de tentación, desarmado y por consiguiente vencido y muerto de mano del diablo lo quiere, quien se la quita que no la tenga tan copiosa y tan a la mano, cuando son muchas y continuas sus tentaciones. Si es útil para enseñar en la ignorancia, para redargüir en el error, para reprender en el pecado, para enseñar a la justicia, para perfeccionar al Cristiano y hacerlo hábil y preparado para toda buena obra, fuera de toda buena enseñanza, y de toda buena y Cristiana disciplina lo quiere, el error, el pecado, y la confusión en lo sacro y en lo profano ama y desea, el que en todo o en parte sepulta las divinas escrituras: y sepultándolas en parte da a entender bien claro lo que haría del todo, si pudiese, o esperase salir con ello. Estas razones son claras, y se dejan entender por todos, no obstante todos los hermosos pretextos que se podrán traer al contrario, que no son muchos: y el más dorado es el que hemos dicho, tan frío que ni aun con humana razón es digno de que se contienda mucho contra él: porque está claro, que ningún hombre de sano juicio habrá, que de verdad diga, Que un gran bien, y mayormente tan necesario a todos, dado de Dios para común uso de todos, se debe prohibir en todo ni en parte por el abuso que los malos genios pueden tener de él. Por monstruoso desvarío, enemigo del linaje humano, hubiera tenido juntamente el rey o príncipe, que porque hay muchos que usan mal del pan, del agua, del vino, del fuego, de la luz, y de las otras cosas necesarias a la vida humana, o las prohibiese del todo, o hiciese tal estafa con ellas que no se diesen sino muy caras, y con gran secases. La palabra de Dios tiene todos estos títulos, porque también tiene los mismos efectos para el alma, miren pues los príncipes del mundo, en que opinión quieren ser tenidos haciéndola pasar por tan inicua condición. Finalmente como quiera que sea, es menester que se resuelvan, Que ni las disputas inoportunas, ni las defensas violentas, ni los pretextos cautelosos, ni el fuego, ni las armas, ni toda la potencia del mundo junta podrá ya resistir, que la Palabra de Dios no corra por todo tan libremente como el Sol por el cielo, como ya lo vamos probando todos por experiencia: y sería no poca prudencia aprender de lo experimentado para lo porvenir, y tomar otros consejos. Ni nos dejemos engañar más con los pretextos dichos, porque no se encubre mucho lo que el diablo pretende con ellos, aunque los que los han puesto tengan cuanta buena intención quisieren. Por lo menos es menester que esté fuera de disputa, Que habiendo dado Dios su palabra a los hombres y queriendo que sea entendida y pueda en efecto de todos, ningún buen fin puede pretender el que la prohibiere en cualquier lengua que sea.

Tenemos ya bien materia de que hacer gracias a Dios en esta parte, que ha dado luz a los padres del concilio Tridétino[9], para que advirtiendo mejor a esta causa, hayan puesto algún remedio en esto con un Decreto, el cual pusimos luego en el principio de este libro a la vuelta de la primera hoja, para que aquellos a cuyas manos viniere, quite del todo el escrúpulo de leerlo, que a la verdad, con el indulto y aun mandamiento que tiene de Dios a ser estudiosos de su palabra, podría haber quitado. Por no haber exceptuado en dicho Decreto ninguna nación, entendemos que la Española será también comprehendida, porque no es de creer que la querrá hacer más apocada y vil que las otras todas a quienes se concede un bien tan grande: y así recibirá en servicio este nuestro trabajo de darle tiempo a la divina Escritura en su lengua vulgar, para que desde luego pueda gozar de la facultad que por el Decreto dicho le es concedida…”

Casiodoro continúa su Amonestación explicando detalles de la traducción, su relación con la versión latina, griega, Siríaca y con la traducción de Ferrara, algunas de las dificultades encontradas. También explica el uso del nombre Iehoua:

“Los Rabinos modernos de la palabra pronunciar (no entendiendo el intento de la ley) sacaron esta superstición en el pueblo, Ser ilícito pronunciar, o declarar, el santo nombre, no mirando que (de más de que el intento de la ley era claro por la ocasión del blasfemo) después de aquella ley lo pronunciaron Moisés, Aarón, Josué, Caleb, Débora, Gedeón, Samuel, David, y todos los profetas, y píos reyes, y finalmente dulcísimo en la boca de todo el pueblo, que lo cantó en salmos, y alabanzas, como parece por todo el discurso de la Santa historia.”

Y cuestiona como en la Septuaginta o Versión de los LXX, (hecha en tiempos de Tolomeo en Egipto), se suprimió el uso de Jehová, cambiándolo por Señor:

“Véase ahora, si es bien que esta superstición siga adelante, o que cese, habiendo Dios dado mejor entendimiento: y que el Pueblo Cristiano lo conozca y adore en Cristo por el mismo nombre, con que él se dio a conocer a los padres, y ellos le conocieron e invocaron, y por el cual él prometió por sus Profetas, Que le daría a conocer a las Gentes, para que le invocasen por él.”  

También explica con humor, el uso del vocablo Testamento:

“…usando algunas veces el Latino (Pacto) y del poco usado en Español (Alianza) para comenzar a introducirlos, y hacerlos más familiares a nuestros Españoles: porque a la verdad estos se llega más a la entera significación que el vocablo Cócierto. Más entretanto que no son más usados, menos inconveniente nos pareció tomar un vocablo entendido, aunque no lo signifique todo: que otro que lo signifique todo, y por no ser entendido del común, pueda venir en abuso, como los vocablos Tora, y Pacto, usados de los Judíos Españoles el primero por la Ley, y el Segundo por el Cócierto de Dios, por los cuales nuestros Españoles entendían que venía una tora o becerra pintada en su sinagoga que adoraban: y del Pacto sacaron por refrán contra ellos, Aquí pagaréis el pato. De esta manera ha sido causa la ignorancia del verdadero Cristianismo, que se burlasen de los Cristianos de los Judíos de aquello en que los había antes de imitar, o por mejor decir, habían de recibir de ellos. Para que no vengan a la profanación del Concierto de Dios por la ignorancia del nombre, acordamos de usar el más claro, hasta que los más propios estén en más uso.”

Prosigue explicando el uso de vocablos como reptil, escultura, el uso de sus anotaciones, el criterio seguido para la traducción de hebraísmos y los resúmenes agregados al inicio de los capítulos.
Y concluye, aportando datos importantes sobre su trabajo y el contexto en el que lo realizara:

“Esto es lo más importante de los que al presente nos pareció que debíamos dar razón de nuestra Versión a la Iglesia del Señor, por el bien y consuelo de la cual hemos trabajado. En lo que a nosotros nos toca, aunque haber tomado una empresa tan grande con fuerzas tan pequeñas en parte nos sea contado por temeridad, mayormente por los que no lo consideran todo, o por los que nada o poco saben agradecer, aun de aquello de que se sirven, o por los que por ser ya más doctos ningún provecho ni contentamiento esperan para sí de nuestros trabajos, con todo ello tiene remedio lo que por parte de nuestra temeridad se podrá haber errado. Primeramente que habiendo hecho con toda fidelidad todo lo que hemos podido, ningún sano juicio nos reñirá por lo que nuestras fuerzas no alcanzaron. Quien lo pudiere y quisiere hacer mejor, nuestro presente trabajo no le estorbará, antes le ayudará aun con las mismas faltas y errores que tuviese. Segundo, tampoco pretendemos poner regla a la Iglesia, la cual de necesidad haya de graduar y canonizar por infalible (digo cuanto es de nuestra versión) solamente pretendemos ayudar con lo que podemos, corto o largo, hasta que Dios de más abundante provisión en su Iglesia. Tercero, que (para quien nos quiere corregir con caridad) por la gracia de Dios, no somos del número de los que o con razón o sin ella presumen de sí, que tenga por acabado lo que una vez sale de sus manos, que nada se le pueda añadir o quitar. Confesamos que pudiera haber otros muchos en la nación adornados de mayores dones de Dios para esta empresa: mas Dios no les ha dado el querer, ni el atrevimiento, ocupados por ventura en otras cosas, a su parecer, más importantes: y poco tenemos acá porque entrometernos en este juicio: porque ellos verán, que cuenta darán en el juicio de Dios del buen o mal empleo de sus dones. En cuanto a nosotros, es cierto, y de ello nos dará el Señor fiel testimonio algún día, que visto que ninguno de estos que lo pudiera hacer mejor, osaba encargarse de obra tan necesaria al adelantamiento del Reino y gloria de Señor, el dolor de la falta que la Iglesia padecía en esta parte, nos puso el ánimo que nunca nos pusiera la sola consideración de nuestras fuerzas, así para comenzarla, como para llevarla a este punto: y ninguna duda tenemos de que nuestro trabajo no haya sido agradable a Dios, por la continua asistencia de su favor con que hemos podido llevar una carga tan pesada, tan estorbada por Satanás, tan poco ayudada de Hermanos, y por tantos días. La obra nos ha durado entre las manos doce años enteros. Sacando el tiempo que nos han llevado o enfermedades, o viajes, u otras ocupaciones necesarias en nuestro destierro y pobreza, podemos afirmar, que han sido bien nueve, que no hemos soltado la pluma de la mano, ni aflojado el estudio en cuanto las fuerzas tanto del cuerpo como del ánimo nos han alcanzado. Parte de tan larga tardanza, ha sido la falta de nuestra erudición para tan grande obra, lo cual ha sido menester recompensar con casi doble trabajo: parte también ha sido la estima que Dios nos ha dado de la misma obra, y el celo de tratarla con toda limpieza, obligación con la cual ninguna erudita ni larga diligencia se puede hacer satisfacer. La erudición y la noticia de las lenguas, aunque no ha sido ni es la que quisiéramos, ha sido la que basta (como ya arriba hemos tocado) entender los pareceres de los que más entienden, y contrastarlos entre sí, para poder escoger lo más conveniente conforme al sentido y noticia que Dios nos ha dado de su palabra…”

En la última página de su Amonestación, Casiodoro escribe:

“… ni hasta ahora hay quien en Español haya dado cosa mejor, y ni pudimos más, ni estorbamos a quien más pudiere, ni queremos poner versión de suma autoridad a la Iglesia, ni en faltas que hubiésemos hecho queremos ser pertinaces defensores de ellas: antes declaramos delante del Señor y de todos sus Ángeles, que nada pretendemos en ella que no sea su gloria y edificación de la Iglesia…”

Me impacta la pasión, humildad, trabajo y perspectiva clara de Casiodoro de Reina. Hoy, casi 450 años después, podemos decir que por la gracia de Dios, Casiodoro venció sobre enemigos como  la Inquisición, el oscurantismo, la ignorancia o el orgullo. Su versión de la Biblia se utiliza en España y en toda Hispanoamérica. Una vez más Dios usó a un “vaso” que se reconocía débil, para glorificarse y hacer llegar el agua de vida a millones de personas sedientas.




[2] Juan 8, 44
[3] Isaías 6,9
[4] Isaías 40, 1 y 61,1
[5] Juan 9,39
[6] Lucas 2, 34
[7] Isaías 8, 14
[8] 2ª Corintios 2, 16
[9] El decreto del Concil. Trid. acerca  de la permisión de la Biblia en lengua vulgar.

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