1º ESO

miércoles, 8 de marzo de 2017

Adriano

En "Historia del cristianismo" (Editorial Trotta, Madrid, 2003), Manuel Sotomayor escribe:

Emperador Adriano (76-138 d.C.)
“… el emperador Adriano (Publius Aelius Hadrianus) … no sólo prohibió reedificar el templo judío sino que concibió y puso en ejecución la idea de construir sobre los restos de Jerusalén una ciudad helenística-romana, a la que llamó Aelia Capitolina en su propio honor y en honor del Júpiter Capitolino romano. Éstas y otras razones, como su política helenizante en general, agudos problemas sociales y abusos de los administradores imperiales, provocaron una nueva insurrección, capitaneada esta vez por Simón bar Kochba, poderoso e intransigente cabecilla, que infligió graves derrotas a los romanos y llegó a dominar casi toda la nación. No obstante, la insurrección fue sofocada en sangre a finales del año 135.

La nueva ciudad de Aelia Capitolina borró las huellas de la antigua Jerusalén. De menor extensión que la de Jerusalén destruida por Tito…



Si la Jerusalén judía quedó así materialmente borrada, el cambio en la población fue todavía más radical, si cabe. Quedó terminantemente prohibido por decreto del Senado y bajo pena de muerte la presencia de circuncidados en Aelia Capitolina y en sus alrededores, lo que excluía de esa zona tanto a judíos ortodoxos como a judíos seguidores de Jesús. La colonización de la nueva ciudad se realizó con elementos étnicos no judíos…

Se discute si pudo existir también en la ciudad una pequeña comunidad judeo-cristiana que, en todo caso, se mantendría al margen de toda comunión con el resto de la cristiandad. (Páginas 191-195)

lunes, 6 de marzo de 2017

4.3. 2º ESO Bloque 4 Historia de la Iglesia

Avanzamos en la Historia

En la clase anterior "viajamos" al año 64, a Roma, donde Nerón culpa a los cristianos del incendio de la ciudad. Ese mismo año, en Jerusalén, se terminan los trabajos en el Templo. 


Günter Stemberger, en su obra "El judaísmo clásico" (Editorial Trotta, Madrid, 2011), explica:

"En el año 66 estalló la sublevación contra Roma. Los insurgentes judíos estaban en posición de ser optimistas: el Imperio romano estaba descontento con el gobierno de Nerón y, por lo tanto, debilitado; además, se contaba con el respaldo de los judíos del Imperio parto, lo cual resultó, en cambio, una especulación errónea. Al principio, los romanos no tomaron en serio la sublevación: los disturbios en Roma a la muerte de Nerón, en el año 68, demoraron todavía más las acciones militares de los romanos, de modo que la resistencia consiguió prolongarse durante cuatro años. Solo Tito, que se hizo cargo del mando supremo de Palestina en lugar de su padre Vespasiano, encumbrado a la categoría de César en el 69, pudo conquistar Jerusalén. El 9 de Ab del año 70 las maquinas de asedio hicieron una brecha en la muralla del Templo, al día siguiente se quemó el Templo y pronto se vió la ciudad en manos de Roma. A pesar de que la contienda duró todavía casi cuatro años más hasta que cayeron las últimas fortalezas judías (Herodion, Maqueronte, Masada), el año 70 marcó, no obstante, el final de la existencia del Estado judío.


... Juster calcula que, sea como fuere, la guerra y sus consecuencias habían reducido la población judía de Palestina en torno a un tercio.
Las propiedades de los judíos caídos en la batalla o de los prisioneros... fueron a parar a manos de Roma. 
... La guerra y la destrucción del Templo les había arrebatado a los distintos grupos judíos sus fundamentos, ante todo a los partidarios de la sublevación, pero también a los saduceos, centrados en torno al Templo. Por el contrario, el grupo cristiano por sí mismo ya se había separado de la comunidad judía de manera bastante evidente. Así, quedaron sobre todo los fariseos, los cuales ya antes del año 70 habían aprendido a poner en práctica una religiosidad judía sin Templo, y se esforzaban en cumplir toda la Ley -incluso la concerniente al Templo- en el seno de la familia y el --hogar, y en derribar el muro que separa la vida cultural de la vida profana." (Páginas 17-19)

El Cristianismo y el Imperio Romano

Ramón Teja, escribe en el libro Historia del Cristianismo (Editorial Trotta Universidad de Granda, Madrid, 2003):

"Con todo, el episodio del 64, del que seguramente fueron víctimas también los apóstoles Pedro y Pablo, fue un hecho aislado y centrado exclusivamente en la capital, aunque los escritores cristianos posteriores lo consideran como "la primera persecución" y harán de Nerón el perseguidor por antonomasia y la encarnación del Anticristo. La prueba de que los romanos no eran capaces en estos primeros años de distinguir entre judíos y cristianos la proporcionan los acontecimientos que sucedieron treinta años después a finales del reinado de Domiciano (81-96). Domiciano era un emperador tiránico, obsesionado con las conjuras contra su persona. Entre sus víctimas hubo filósofos, senadores y miembros de la aristocracia, a algunos de los cuales acusó de haber adoptado costumbres judías y de "ateísmo", acusación que se aplicaba por igual a judíos y cristianos... Autores cristianos posteriores presentaron a Flavia Domitila como una cristiana e hicieron de Domiciano el segundo emperador perseguidor de los cristianos (Eusebio, HE III, 18,4). Es posible que entre las numerosas víctimas de Domiciano hubiese efectivamente cristianos y, de hecho, el Apocalipsis de Juan, escrito por estas fechas en Asia Menor, alude a mártires cristianos "vencedores en sus combates contra la Bestia y su imagen", alusión velada al emperador y al culto imperial que se exacerbó durante el reinado del tiránico emperador. Pero no tenemos fundamentos para hablar de persecución decretada por Domiciano. Sus víctimas, no sólo cristianos, lo fueron de su política marcada por la obsesión por afirmar su autoridad ante supuestos o reales complots contra su persona. Pero contribuyó a enfrentar a los cristianos con el problema del culto al emperador, al que fueron reacios desde el principio, al igual que lo fueron los judíos, y a implicarles en la judaica superstitio que suponía la acusación del ateísmo: no reconocer ni rendir a los dioses oficiales y al emperador." (Páginas 295-296)

Armando el puzzle

William Barclay, en su comentario a Apocalipsis (Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1975), explica:

"Poseemos dos fuentes que nos permiten establecer la fecha de Apocalipsis.
(1) Está el relato sobre la forma en que se escribió el libro según la tradición. Victorino, que escribió hacia fines del siglo tercero, afirma, en su Comentario sobre el Apocalipsis:

"Juan, cuando vio estas cosas, estaba en la isla de Patmos, condenado a trabajar en las minas por el emperador Domiciano.... Al morir Domiciano y al revisar el Senado sus actos de gobierno, a causa de su excesiva crueldad, Juan regresó a Efeso, cuando era emperador Nerva."... A partir de esta evidencia no nos equivocaremos si fechamos el lilbro alrededor del año 95 de nuestra era.
(2)... En Apocalipsis nos encontramos con una nueva actitud hacia Roma y el Imperio Romano... ¿Cuál es la explicación de este fuerte cambio en la actitud? La respuesta la encontramos en el desarrollo del culto al emperador; éste y las persecuciones que se derivan de él, son el trasfondo del Apocalipsis... 

En la época en que se escribió Apocalipsis el culto al emperador era la única religión que cubria la totalidad del imperio romano. Fue a causa de la negativa de los cristianos a aceptar sus exigencias que se empezó a perseguirlos y se los asesinó en grandes cantidades. La esencia de este culto era que al emperador reinante, en cuanto a encarnación del espíritu de Roma, era divino. Una vez por año todas las personas que vivían en el imperio debían comparecer ante los magistrados para quemar una pizca de incienso ante el busto del emperador y decir: "César es el Señor" (es Dios). Después de haber hecho esto la persona podía ir al templo que quisiera y adorar a los dioses de su preferencia, siempre que su religión con contradijera la decencia y las buenas costumbres.


El culto al emperador no comenzó con la divinización del César. Comenzó con la divinización de Roma. El espíritu del imperio fue divinizado bajo el nombre y la figura de la diosa Roma; Roma era la personificación de Roma. Representaba el poder benévolo del Imperio. El primer templo dedicado a Roma se erigió en Esmirna el año 195 a.C. No costó mucho dar el paso siguiente y pensar que el espíritu de Roma se encarnaba en la persona de un hombre, el emperador... La adoración del emperador comenzó con Julio César, después de su muerte. En el año 29 a.C. el emperador Augusto concedió su autorización a las provincias de Asia y Bitinia para que en las ciudades de Efeso y Nicea se erigieran templos consagrados a la adoración conjunta de Roma y Julio César... este culto nunca pretendió ser exclusivo. No se proponía borrar las otras religiones. Roma era tolerante. Cualquiera podía adorar a sus propios dioses y al Emperador. Pero la adoración de César se convirtío en una comprobación de lealtad política. Llegó a ser, de este modo, el lazo que unía a todos sus súbditos leales del Imperio: se convirtió, por así decirlo, en el reconocimiento de la autoridad de César sobre el cuerpo y el alma de todos los hombres que habitaban su imperio.


... ¿Qué podían hacer los cristianos? ¿Qué esperanza tenían? No había muchos entre ellos que fueran sabios o poderosos. Contra ellos se había levantado el poderío de Roma, que ningún pueblo o nación había podido resistir. Los enfrentaba una opción absoluta: César o Cristo. 
... Es cierto que Nerva, el sucesor de Domiciano (96-98), revisó la leyes represivas y las campañas de persecución de su antecesor. Pero el daño ya había sido hecho: los cristianos eran una comunidad fuera de la ley. Y el Apocalipsis es el clarín que llama a los creyentes a ser fieles hasta la muerte a fin de ganar la corona de la vida." (Páginas 22-27)  


viernes, 3 de marzo de 2017

Resumen "Discípulos de la Historia" de Manuel Sotomayor

Discípulos de la historia
Manuel Sotomayor, Granada, 2002, UGR

Historia, historias y condicionamiento histórico

La potestad paterna, que tuvo el máximo vigor en los primeros tiempos del mundo romano, llegó a incluir el derecho del paterfamilias a disponer libremente de la vida y la muerte de los hijos. (p.21)

Monjes por devoción paterna
… otras de las injustas consecuencias de la desmesurada potestad concedida al padre por la sociedad… Me refiero ahora a la consagración a Dios de menores de edad de ambos sexos, que los padres entregaban a un monasterio para que profesasen en él y en él permaneciesen de por vida…, antes del uso de la razón, por devoción y voluntad paterna, sin que la suya propia fuese tenida mínimamente en cuenta. (p. 21)

IV Concilio de Toledo, año 633, canon 49:
“Al monje lo hace, o la devoción de sus padres o su propia profesión; pero de cualquiera de estos modos queda obligado. Por lo tanto, a los tales les cerramos toda salida para reintegrarse al mundo y les prohibimos toda vuelta al siglo”. (J. Vives, Concilios visigóticos e hispano-romanos, Barcelona-Madrid, p. 208)

Canon 52 del mismo concilio:
“Algunos monjes que salen del monasterio, no sólo vuelven al siglo sino que llegan has contraer matrimonio. A estos tales se les hará regresar al mismo monasterio del que salieron y se les impondrá una vida de penitencia en el mismo lugar de donde se apartaron.” (p. 22-23)

Esclavos y libertos
… En este particular, es cierto que tanto los obispos galos como los hispanos poseen aún una mentalidad muy cercana a la que queda patente, por ejemplo, en algunas disposiciones del emperador Constantino de emendatione servorum:
IX, 12, 1: “Si el dueño castiga a su esclavo con varas o correas o lo retiene en el cepo para que no se escape… no tema ninguna acusación en caso de que muera el esclavo”.
IX, 12, 2: “Queden libres de culpa los dueños cuyos esclavos mueran a causa de los azotes propinados por el dueño.”
(CTh, IX, 12, 1 (año 319); IX, 12, 2 (año 326).
(página 25)
La legislación eclesiástica siguió ateniéndose en materia de esclavos y libertos a la legislación civil. La misma Iglesia, los obispos y monasterios, tenían sus propios esclavos… Solamente, que las condiciones de los libertos de la Iglesia eran peores que las de los demás libertos… IV Concilio de Toledo, en su can. 70:
“Los libertos de la Iglesia, como su patrona no muere nunca, nunca se apartarán de su patrocinio, ni tampoco su descendencia, como está prescripto por anteriores cánones.”
(p. 28)

La dignidad de la mujer
“Hemos determinado -añade el can. 7 del I Concilio de Toledo (387/400)- que si las mujeres de los clérigos pecan con alguno, para que en adelante no puedan pecar más, puedan sus maridos, sin causarles la muerte, recluirlas y atarlas en sus casa, obligándolas a ayunos saludables, aunque no mortales.” (p.30)

Medicina del cuerpo y medicina del alma
La mayor universalidad que se pretendía se consiguió finalmente por medio de S. Pío V. Fue este el papa que quiso que “tan saludable precepto no prescribiera de ningún modo, sino que se observase a perpetuidad, para lo que promulgó en 1566 una constitución apostólica:
“Con esta nuestra constitución, que ha de valer siempre, establecemos y decretamos que todos los médicos, cuando sean llamados por los enfermos, ante todo les adviertan que confiesen todos sus pecados a un confesor idóneo de la santa romana Iglesia, y que no los visiten por tercer día, a no ser que el confesor concediese al enfermo un tiempo más largo por alguna causa razonable… Los médicos que no observen lo predicho… sean infames perpetuos y queden totalmente privados del grado de medicina que poseían, y sean expulsados del colegio o universidad de médicos, y además sean multados…” (p. 37-38)

… Ignacio admite que no es contra la caridad dejar morir al enfermo sin la ayuda del médico, con tal de que el miedo a esa amenaza induzca a muchos a confesarse… (p. 39).

El bien sabido que en el mundo del derecho romano y, sobre todo en la práctica -no así en el derecho germánico- se admitió la tortura como método para averiguar la verdad o como medio de prueba en el curso de cualquier proceso civil o criminal. Lo mismo ocurrió en la Europa cristiana, en aquellas épocas en las que prevaleció claramente el derecho romano… (p. 40)

Derecho y deber de elegir y de excluir
El pueblo elegía a su obispo… El pueblo estaba obligado en conciencia a deponer y sustituir a un obispo que hubiese caído en la herejía o en la apostasía.

Conscientes de su obligación, las iglesias de Mérida y de Astorga-León habían depuesto a sus obispos Marcial y Basílidades, apóstatas en la persecución de Decio (año 250) y habían elegido a sus sucesores… Manda Dios que se constituya sacerdote ante toda la sinagoga… (p. 47-48)
…….
La iglesia siria oriental gozó durante siglos de una extraordinaria vitalidad. Llevó el evangelio al Asia central, a la India, a China y hasta Mongolia. Logró establecer la iglesia en todas esas regiones, con numerosos obispos y metropolitas, mucho tiempo antes que los misioneros occidentales descubriesen aquellos inmensos territorios. Los misioneros sirios hicieron notables esfuerzos de adaptación al nuevo medio en que tenían que moverse, pero no consiguieron distinguir plenamente en su propio cristianismo lo que era puro mensaje cristiano de lo que era revestimiento cultural sirio. Por ejemplo, la liturgia seguía celebrándose en sirio en aquellas regiones; la teología no era el resultado de una nueva reflexión, sino la que ellos llevaban consigo como fruto de su propia tradición, que en este caso era la antigua tradición antioquena y, más en concreto, la nestoriana.

Lo mismo puede decirse de la gran iglesia bizantina. Constantinopla era la nueva capital del imperio romano, la nueva Roma.  La comunidad cristiana había crecido al amparo, sobre todo, de la de Antioquía, de la que había recibido sus mejores obispos y sus tradiciones.  Pero la importancia de la gran ciudad hizo crecer y desarrollarse a su comunidad cristiana hasta conseguir formas y tradiciones propias. (p. 90)

En el siglo IX, cuando santos Cirilo y Metodio comprendieron que para evangelizar a los eslavos era necesario poner a su alcance una biblia y una liturgia traducida al eslavo, encontraron tenaz oposición en los obispos alemanes y en algunos papas. El argumento -el sofisma- principal para impedir lo que se presentaba como una innovación fue, nada menos, que “no estaba permitido alabar a Dios más que en las tres lenguas usadas en el título de la cruz: hebrea, griega y latina”. (p. 93-94)

La conversión de Constantino supone el comienzo de una nueva época en la manera de organizar las relaciones de las diversas iglesias… A partir de ese momento se busca cada vez más la unidad supranacional o supralocal en la unidad de organización, unidad esta última que cuenta con el apoyo de la política imperial y de la legislación nomocanónica. Las diversas iglesias o comunidades de la misma nación o cultura se van agrupando alrededor de algunas comunidades mayores de las que dependen en muchos aspectos (primero predicadores o misioneros, asistencia caritativa, consejo, apoyo moral en los conflictos, etc). Y estas comunidades mayores residen habitualmente en las ciudades principales de la región, mejor dotadas de toda clase de medios culturales, económicos, de comunicación, etc. A estas preeminencias puramente geográficas, algunas de las comunidades mayores podían juntar otras estrictamente de tipo eclesiástico, como podría ser su origen directamente apostólico.

En el año 325, en el Concilio de Nicea, canon 6, se habla, como de cosa antigua, conocida y respetada, de la preeminencia de algunas de etas comunidades principales:
“Permanezca en vigor la antigua costumbre vigente en Egipto, Libia y Pentápolis, de que el obispo de Alejandría tenga facultad sobre todos éstos, ya que también existe la misma costumbre con respecto al obispo de Roma. Igualmente queden en salvo las prerrogativas de antigüedad propias de Antioquía y de otras Eparquías[1]”.

En estas breves frases aparecen ya las primeras menciones oficiales de lo que más tarde conoceremos con el nombre de Patriarcados… El Patriarcado no es sino el episcopado de una región determinada, unificado en la persona del patriarca. El patriarcado es la coordinación lógica de trabajo pastoral y apostólico de los obispos de una región.

Competencia de los Patriarcados
No todos los grandes patriarcados históricos alcanzaron al mismo tiempo su importancia y rango. Los Concilios llegaron a establecer un orden de honor entre ellos. Este orden fue el siguiente: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.
Las competencias de cada Patriarca en su región durante siglos y siglos de comunión plena entre todos ellos, fue tan extensa que se puede hablar de una casi total autonomía disciplinar.  (p 103-105)
En el Occidente, cuyo patriarca era además el Papa, se perdió el contacto con las demás iglesias. Se olvidó incluso la estructura patriarcal y hasta llegó a identificarse en la práctica ejercicio del Primado con ejercicio del patriarcado. Se llegó a no concebir que hubiese Iglesia católica que no fuese iglesia occidental. En Roma -olvidados de la historia- pensaban que su rito litúrgico con su lengua latina eran el rito y la lengua “de la Iglesia”, que las costumbres, las tradiciones – más o menos recientes por otra parte-, el derecho canónigo y la teología escolástica de su patriarcado eran la única forma ortodoxa de ser cristianos… El hecho de no tener en consideración más que una forma cultural del Cristianismo llevó a la práctica de un auténtico colonialismo eclesiástico. Hasta el punto que, durante mucho tiempo, no se admitió siquiera la posibilidad de un clero indígena.
Las distancias geográficas eran enormes. Ate la imposibilidad de una atención directa y eficaz desde Roma, en vez de Patriarcados surgieron el Padroado portugués y el Patronato de España, que prácticamente convertían en cuasi-patriarcas a los reyes de la Península Ibérica.
Los cardenales, que en sus orígenes fueron el clero de Roma o el sínodo de obispos de su provincia eclesiástica, suplantaron a los Patriarcas en su misión de “cumbre” de la Iglesia, antiguamente única y universal en la diversidad.
El uniformismo siguió creciendo e imponiéndose en la práctica y en la teoría.  (p.110-111)

La iglesia sirio-oriental
… A partir del concilio de Mabrakta (424), bajo el católicos Dadiso, parece que la nacionalización de la iglesia sirio-oriental queda firmemente establecida… a partir más o menos de finales del siglo V comenzó a llamarse católicos-patriarca, el arzobispo de Seleucia-Ctesifonte.
Para fines del siglo VIII, la conciencia propia de la importancia de esta sede había llegado hasta tal punto, que el católicos-patriarca Timoteo I (728-823) no sólo la consideraba como una quinta sede patriarcal, sino como la primera de todas ellas.
… En los tiempos de su máximo apogeo, bajo el católicos-patriarca Yahballaha III (1281-1317), llegó a contar con unas 30 provincias eclesiásticas, con una extensión que abarcaba el inmenso territorio de todo el Asia. (P. 154)

… Si hemos de juzgar por los efectos. La evangelización sirio-oriental en la India, especialmente en la costa malabar, caló hondo; la prueba es la penetración del evangelio desde muy pronto en la población indígena y su floreciente personalidad hasta nuestros días.
… La vida de las iglesias fundadas en Asia por la iglesia sirio-oriental no puede ser calificada de efímera, ni mucho menos. El testimonio de la estela de Si-ngan-fu nos sitúa en el siglo VII. Otras comunidades asiáticas remontan su origen algún siglo más atrás. En el siglo XIII y, en parte aún en el XIV, y a pesar de las graves vicisitudes por las que hubieron de pasar, puede hablarse de esplendor de muchas de esas comunidades. (p. 155)

… Por lo que se refiere a la jerarquía, la costumbre sirio-oriental era que los obispos tenían que ser nombrados y consagrados por el católicos-patriarca de Seleucia-Ctesifonte, y esto sin contar con el clero ni con el pueblo. La dependencia de los “metropolitas del exterior” era un hecho mucho menor que la de los del propio imperio persa y a veces nombraban ellos mismos a los nuevos obispos y los consagraban, pero, ya fuesen enviados como tales obispos consagrados desde Persia, ya se escogiesen entre los sirios establecidos en China o en el Asia Central, la verdad es que la jerarquía era siempre persa, aunque con rarísimas excepciones, la más notable de las cuales fue la del monje öngüt Marcos, nacido en China, y que llegó a ser el católicos-patriarca con el nombre de Yahball-aha III, cuando Bagdad, la sede primada entonces, había sido ocupada por la avalancha mongólica.

… Las inscripciones sepulcrales de cristianos chinos que se han hallado están escritas en lengua siríaca. Lo mismo hay que decir de la lengua litúrgica. Solamente las lecturas y los himnos se cantaban en lengua comprensible para el pueblo. (P. 156-157)

… El reconocimiento posterior de la autonomía del as iglesias nacionales es una superación del “colonialismo eclesiástico” por parte de la iglesia bizantina. No es un proceso rápido ni de desarrollo lineal. En la mayoría de los casos, las autonomías solamente se han alcanzado después de siglos de dependencia y hubieron de conquistarse en lucha contra la tendencia absorbente y centralizadora de la sede patriarcal de Constantinopla.  La autonomía de Bulgaria se proclamó bajo el reinado de Simeón (93-927) y es reconocida solamente en el siguiente reinado, el de su hijo Pedro (927-969). La de Serbia fue proclamada en 1346 y reconocida 29 años después, en 1375. La de Rumanía se acordó en 1859 y se reconoció en 1885, después de repetidas propuestas. La de Grecia, igualmente protestada, hubo de esperar desde 1833 hasta 1850. La autonomía de la iglesia albanesa, proclamada en 1929, fue anulada y solamente admitida en 1937. (p. 159-160)

LEYENDA Y REALIDAD EN LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO HISPANO

Las noticias históricas
No es necesario recurrir a la leyenda para pensar que el cristianismo debió llegar a la Península en el siglo I o muy a principios del II. Así lo hace suponer el alto grado de romanización de Hispania, especialmente de la Bética y de su frecuente contacto militar, comercial y político con otras regiones del Imperio. Los textos históricos más antiguos que aluden de manera genérica a la presencia del cristianismo en Hispania son el de Ireneo, escrito entre los años 182-188 y el de Tertuliano, de los primeros años del siglo III. El primer texto verdaderamente importante, concreto y explícito sobre iglesias hispanas es, sin duda, la carta de los obispos africanos, encabezados por Cipriano, carta que ha de datarse a finales del año 254 o primera mitad del 255.
… Esta carta, que figura con el número 67 en el repertorio de cartas de Cipriano, aporta un buen número de datos sobre el cristianismo hispano. En ella se citan expresamente tres iglesias de la Península: la de León-Astorga, la de Mérida… y la de Zaragoza, de cuyo obispo Félix dicen los africanos haber recibido también carta sobre el mismo asunto. Se trata de comunidades bien organizadas como tales, que manifiestamente han alcanzado ya un considerable grado de desarrollo… (p 185-186)

… comunidades que han prevalecido tras una dura y comprometidísima persecución, como fue la de Decio, con el agravante en este caso de no haber contado con el apoyo y aliento de sus jefes jerárquicos. (p. 186)

El concilio de Elvira y sus actas
… sería extraordinariamente importante  poder conocer con exactitud tres circunstancias que, desgraciadamente, no conocemos con todas las garantías necesarias: en primer lugar, la fecha de la celebración del concilio; en segundo lugar, el texto crítico de las actas; y, en tercer lugar, el carácter propio del documento, es decir, si es el resultado de un solo concilio, o es una colección canónica que, además de las deliberaciones del Concilio de Elvira, contiene las disposiciones de otros concilios, sin hacer las debidas distinciones.
Por lo que se refiere a la fecha, dado que las actas no la consignan, es necesario deducirla del análisis interno del texto y de algunos paralelismos con otros acontecimientos eclesiásticos. Los límites extremos están bastante bien definidos entre los años 295 y 314. (P. 187)

… Unos autores piensan que se celebró después de la persecución (entre 306 y el 314) y otros, entre los cuales me incluyo, antes de la persecución y, por consiguiente, alrededor del 300. (P. 188)

Actas de mártires
Existen noticias de algunos mártires hispanos, dignas de crédito y de valor histórico, aunque en casi todos los casos lo único cierto sea su existencia: lo que no es poco, ya que al menos dan testimonio de la presencia, en determinadas localidades, de cristianos firmemente persuadidos de su fe. Por lo que respecta a las actas, que narran sus respectivos martirios y a veces sus vidas y milagros, no me atrevería a citar más que dos, como documentos útiles para la crítica histórica: las de los mártires de Tarragona, Fructuoso, Augurio y Eulogio y, en cierto modo, las de las santas Justa y Rufina. (P. 190)

REFLEXIÓN HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICA SOBRE EL SUPUESTO ORIGEN AFRICANO DEL CRISTIANISMO HISPANO

… Más que la presencia aislada de tales piezas y objetos cristianos de origen africano en Hispania, es la abundancia y el conjunto de todos ellos lo que le da valor de testimonio en favor de una especial relación de ambas iglesias, especial relación que se confirma aún más, arqueológicamente, por otros varios indicios manifiestos, por ejemplo, la presencia en la mitad Sur de la Península de una serie de basílicas del siglo VI con ábsides contrapuestos. El modelo africano en este caso es evidente y la notable semejanza de los edificios dedicados al culto puede o debe llevar consigo semejanza igualmente en las costumbres y ritos litúrgicos, para cuyo desarrollo se conciben y se construyen. Algo parecido se puede afirmar a propósito de los muchos baptisterios paleocristianos hispanos que también siguen modelos del África. (P. 194-195)


Testimonios arqueológicos
Todos sabemos que no existen en Hispania testimonios arqueológicos cristianos anteriores al siglo IV…
Los sarcófagos paleocristianos son los testimonios arqueológicos cristianos más antiguos en Hispania. De los años comprendidos, más o menos, entre el 300 y el 340, se conocen en España unas 32 piezas, entre sarcófagos enteros y fragmentos… y su expansión abarca cuatro provincias hispanas: la de Gallaecia (Astorga y Temes), la Tarraconense (Gerona, Rosas, Barcelona, Badalona y Zaragoza), la Cartaginense (Layos, Toledo, Erustes y Denia) y la Bética (Córdoba, Berja, Alcaudete, Los Palacios, Itálica, Martos y Jerez). (P. 196-197)


Baptisterio de inmersión en la Basílica Paleocristiana "Vega del Mar", San Pedro de Alcántara (s. IV o VI)

Interesantísimo yacimiento arqueológico en San Pedro de Alcántara (Municipio de Marbella, Andalucía) con restos de una BASÍLICA cuyo interés destaca en:

* su aprox. 1500 años de antigüedad;
* su estructura con dos ábsides enfrentados
* un singular BAPTISTERIO DE MÁRMOL para el rito de bautismo por inmersión.







[1] Concilliorum oecumenicorum decreta, Herder, Basilea 1962, pág. 8.